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the international federation of film critics | ||||||||||
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Gran Premio 2008"There Will Be Blood", de Paul Thomas Anderson:
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En verdad sólo tengo dos palabras que decir acerca de There Will Be Blood (Pozos de ambición/Petróleo sangriento) de Paul Thomas Anderson: "¡Dios!" y "¡maldición!".
Dura casi tres horas, pero se mueve como un disparo. Es una película de época absolutamente contemporánea en su construcción. Es un estudio de personaje de un monstruo — dos monstruos, en realidad — encerrados en una permanente lucha arrogante contra el otro reclamando el derecho sobre toda la creación.
O al menos en eso termina. Al comienzo, There Will Be Blood parece simplemente una historia de padre e hijo, siguiendo a un petrolero llamado Daniel Plainview — interpretado por Daniel Day-Lewis como si fuera el hijo bastardo de John Huston de Chinatown y el Sr. Burns de Los Simpsons — que pasea a un joven huérfano por California de un pueblo al otro, mientras negocia los derechos de explotación que lo harán muy, muy rico. (El niño es un excelente accesorio: con el chico a su lado, Daniel parece un hombre de familia en vez de un magnate estafador.)
Pero luego conocemos al otro monstruo, un joven predicador llamado Eli Sunday que Daniel y su hijo encuentran en la minúscula comunidad de Little Boston. El terriblemente piadoso Eli — alzándose como un líder civil — exige un honorario para su iglesia fundamentalista y una voz en los asuntos de Daniel. Esto resulta en una rivalidad que se extiende por décadas y que podría leerse fácilmente como una inquietante alegoría del perpetuo conflicto de los Estados Unidos entre el comercio y la fe.
Anderson se estableció como un cineasta innato con Boogie Nights, Magnolia y Punch-Drunk Love, pero There Will Be Blood es un paso evolutivo más allá de su trabajo previo. Que se trate de la fluidez de las tomas con Steadicam de Boogie Nights, de los brillantes paisajes urbanos del Los Ángeles de Magnolia, o las explosiones de color impresionista de Punch-Drunk Love, son películas que están hechas para ser notadas. Anderson no puede evitar llamar la atención hacia sus logros. En cierta forma son... jactanciosas.
There Will Be Blood es diferente. Es una historia de personajes jactanciosos, en la que Anderson ha redirigido sus tendencias alardosas hacia las criaturas dentro del cuadro. Daniel Plainview se pasa la mayor parte del tiempo hablándole a la gente de sus logros, y de los milagros de comodidad y prosperidad que vendrán, incluso cuando pretende ser modesto. Y a medida que Eli se ve más y más comprometido en la prédica de su particular versión del evangelio, su fervor mesiánico se hace cada vez mayor hasta que pareciera creer que él mismo es prácticamente el Cristo resucitado.
Mientras su inevitable enfrentamiento se va acercando, Anderson encierra el final de la película en torno de ellos como una arena. Las opciones se reducen, y los personajes periféricos — incluso el chico que alguna vez Plainview trató como un hijo — son abandonados. La textura de la película se hace más sombría, volviendo hacia la suciedad básica del comienzo. (La producción se siente mugrienta, básica, real, como si Anderson hubiese arrastrado sus cámaras cien años atrás.)
Una secuencia final en la mansión decadente de Plainview muestra al petrolero recluso, arqueado como un animal, en una referencia a la secuencia de apertura en la que lo vimos arrastrar su cuerpo herido del hoyo en la tierra que primero intentó tragárselo. ¿O acaso es el reconocimiento de que Plainview nunca ha sido otra cosa que un animal herido, desesperado? ¿Un indicio de que la fachada cultivada y gentil que le presentaba a sus clientes no era más que una máscara útil?
Eli no necesita ninguna máscara. Él siempre ha sido tan demente como arrogante, y no hace ningún intento por disfrazar ni lo uno ni lo otro cuando vuelve, vacío y arruinado, a reclamar la deuda que cree que Plainview le debe. Cuando la película se acaba, los negocios entre ellos quedan saldados incuestionablemente.
There Will Be Blood es una de las películas más asombrosas y fascinantes de la década. Uno se queda boquiabierto frente a su audacia, su majestad, su increíble ambición; y luego vuelve a impresionarse con la maña con que el director logra cada desafío que se propone. Es una tremenda obra de arte; eso es lo que es.
Ésta es una versión alargada del comentario originalmente publicado en inglés en la edición del diario Metro de Toronto, el 4 de enero de 2008.
Norman Wilner es el crítico de cine de NOW Magazine, y también escribe sobre cine y DVDs para Sympatico/MSN. Su blog personal es www.wilnervision.com
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